domingo, 1 de julio de 2007

cartas a coleccionistas


Queridos Carmen y Norberto:

Nuevamente apuestan por un producto de extrema libertad de creación, original y comprometido con la realidad circundante y fuera de estereotipos de presión.

Esta obra que han elegido llamada “Los cuatro jinetes sobre carroza” se encuentra entre las últimas obras (todavía no registrada en catálogo) de la serie de nuevas parábolas y retablos cotidianos. En ésta, se despliega una composición que pretende crear extrañeza por inusual y, a la vez, nos da pistas para mostrar un paradigma contemporáneo. Como hemos hablado otras veces, en la búsqueda de la poliédrica verdad, las artes plantean y cuestionan algunos temas de nuestro tiempo, unas veces como meros espectadores y otras como críticos en acción.

La idea, una vez planteada, se consolida artísticamente con una sensible ejecución en pos de una comunicación seductora. En este caso, nuestra pieza se inició motivada por una sensación que, como consumidor y en este momento histórico, no me deja de inquietar. En esta época en que vivimos, sometida a intensos flujos de comunicación, se hace difícil abordar la manera en la que nos podemos enfrentar a la agresividad del espectáculo de la televisión o de los mass media; este espectáculo de conquista en el que la imagen intenta seducir a un espectador que cada vez siente menos porque sienten por él, que cada vez habla menos porque hablan por él, y que reflexiona menos porque su felicidad la encuentra en el consumo que otros han creado para él. Las batallas épicas de conquistas como las de Alejandro y Darío , cuyo fragmento está representado en la obra como cuadro del interior del salón, son reemplazadas hoy por nuevas formas de conquista mucho más prosaicas y menos idealizantes. Los cuatro jinetes (del Apocalipsis), convertidos en una escultura pública y movilizada irónicamente como carroza (salida quizás de algún espectáculo lumínico) se adentra de forma implacable y sin previo aviso por el salón de nuestras casas a través de vías y medios.

En la batalla épica de nuestras cabezas para enfrentarnos a la cantidad ingente de imágenes e información y llegar a cavilar con criterio, puede que debamos recordar que en nuestra estancia tranquila, desde nuestro salón de estar, se generaba en otros tiempos esa magnífica forma de diálogo y comunión intersubjetiva y directa, real y enriquecedora entre los miembros de una familia, sus congéneres y amigos, y era éste el mejor lugar para el aprendizaje, la reflexión y el crecimiento mutuo.


Un fuerte abrazo, Tahiche


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