EXPOSICIÓN de CRISTINA GÁMEZ
CRISTINA GÁMEZ EXPONE SUS NUEVAS OBRAS DE ARTE (Inauguración el 20 de Diciembre a las 20:30 pm)
Exposición en la Sala de Arte Contemporáneo del Gobierno de Canarias (Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife) desde el 20 de Diciembre hasta el 10 de Febrero de 2008.

FRAGMENTOS DEL TEXTO REALIZADO POR ANGEL MOLLÁ Y PRESENTADO EN EL CATÁLOGO DE LA EXPOSICIÓN:
Retratos como rosas
Ángel Mollá
Hay que tener el valor –como los griegos– de quedarse de pie ante la superficie, el pliegue, la piel. Ser capaces de admirar la apariencia y creer en las formas, los sonidos, las palabras… Los griegos llegaron a ser superficiales a fuerza de ser profundos…
F. Nietzsche (1886): Prólogo a La gaya ciencia.
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Las telas de C. Gámez son superficies regulares, grises y neutras, que sólo despliegan su sentido ante quien se toma la molestia en descubrir que han sido tejidas artesanalmente; y es por eso que aluden a una dimensión humana [femenina, de hecho] de la representación, pero también apuntan a la lógica de la imagen digital [obsérvese su trama regular que funciona como un suave pixelado] y, ante todo, se constituyen como el escenario elemental de la pintura: el lienzo virgen. Y en la convergencia de estos elementos, la imagen que ha sido pintada, que no es más que la representación del mismo tejido plegado en nudos, conforma una suerte de Verónica que muestra, precisamente, la verdadera imagen. Me refiero a la sencilla y regular trama de la tela que C. Gámez pacientemente ha tejido, y que vemos a través de la delicada transparencia de su pintura.[1]
[1] Ramiro Carrillo (2006): "Al arte por amor", en Pliegues y parábolas. Cristina Gámez y Tahiche Díaz. La Laguna, Galería Cuatro Tablas, pp. 6
Retratos como rosas
Ángel Mollá
Hay que tener el valor –como los griegos– de quedarse de pie ante la superficie, el pliegue, la piel. Ser capaces de admirar la apariencia y creer en las formas, los sonidos, las palabras… Los griegos llegaron a ser superficiales a fuerza de ser profundos…
F. Nietzsche (1886): Prólogo a La gaya ciencia.
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Las telas de C. Gámez son superficies regulares, grises y neutras, que sólo despliegan su sentido ante quien se toma la molestia en descubrir que han sido tejidas artesanalmente; y es por eso que aluden a una dimensión humana [femenina, de hecho] de la representación, pero también apuntan a la lógica de la imagen digital [obsérvese su trama regular que funciona como un suave pixelado] y, ante todo, se constituyen como el escenario elemental de la pintura: el lienzo virgen. Y en la convergencia de estos elementos, la imagen que ha sido pintada, que no es más que la representación del mismo tejido plegado en nudos, conforma una suerte de Verónica que muestra, precisamente, la verdadera imagen. Me refiero a la sencilla y regular trama de la tela que C. Gámez pacientemente ha tejido, y que vemos a través de la delicada transparencia de su pintura.[1]
[1] Ramiro Carrillo (2006): "Al arte por amor", en Pliegues y parábolas. Cristina Gámez y Tahiche Díaz. La Laguna, Galería Cuatro Tablas, pp. 6

Siempre hay un pliegue en el pliegue, como también hay una caverna en la caverna. La unidad de materia, el más pequeño elemento de laberinto es el pliegue, no el punto, que nunca es una parte, sino una simple extremidad de la línea. El despliegue no es, pues, lo contrario del pliegue, sino que sigue el pliegue hasta otro pliegue... Pliegues de los vientos, de las aguas, del fuego y de la tierra, y pliegues subterráneos de los filones en la mina. Los filones mineros son semejantes a las curvaturas cónicas, unas veces se terminan en círculo o en elipse, otras se prolongan en hipérbola o parábola..[1]
[1] Gilles Deleuze (1988): El pliegue. Leibniz y el barroco. Barcelona, Paidós, 1989,

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¿Acaso no son lo pliegues de los monjes de Zurbarán, con su forma específica de administrar la luz y los volúmenes en el cuadro, los que –de facto– generan la atmósfera ultramundana? ¿Qué decir de los cortinajes de Vermeer? ¿No es cierto que potencian teatralmente el misterio inherente a estos cuadros, al dotar de un aura inefable al bienestar doméstico o a las actividades más banales? Todo ello sólo se hace consciente mediante el descentramiento retórico de los elementos del cuadro, y en el caso que nos ocupa se convierte en lúcida estrategia.

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